Pues sí. Puede ser, como no. Las barricas, el corcho de silocona contaminado y algunos factores más pueden provocar que un vino esté acorchado sin tener el corcho que todos conocemos.
Se estima que entre un 3 y un 6% de los vinos que hay en el mercado están acorchados. Por mi experiencia, normalmente el porcentaje de botellas que los clientes devuelven por este defecto es menor.
El empleo del corcho a nivel industrial se acepta que empezó en la Champaña francesa allá por el siglo XVII impulsado por Dom Perignon(monje benedictino). Por cierto, corcho llevado de Cataluña, principalmente de Girona.
Posiblemente, en muchos casos los clientes detecten ciertos aromas extraños pero a veces la inseguridad o el desconocimiento los lleva a no decir nada. Otras veces creen que quizá se trate de aromas de reducción y que con un poco más de oxigenación ya se irán.
Pues bien, los datos están sobre la mesa, y el problema no es pequeño. Es un problema que afectada y ha afectado a pequeñas y a grandes bodegas.
Para no ir más lejos, la famosísima bodega Vega Sicilia, reconoció allá por el 98 que sus partidas de Valbuena del 94 tenían este defecto. Lo más curioso es que la mayoría de los consumidores de este vino(principalmente gente adinerada que tiene cupo en esta bodega) o no se dieron cuenta o no lo hicieron público.
No es fácil muchas veces distinguir ese defecto. Cada persona tiene unos umbrales de detección o más o menos memoria para recordarlo. No olvidemos que la memoria juega un papel muy importante en la cata.
Se habla del TCA como el principal compuesto causante de este defecto, y realmente muchos estudios asi lo indican, pero cada día están apareciendo nuevas teorías acerca de dónde se genera, de si hay otras moléculas diferentes que puedan producirlo, etc…
Se dice que unos hongos filamentosos al metabolizar moléculas cloradas producen esos compuestos volátiles tan odoríferos.
Sea como sea, es un defecto más de los que puede tener un vino, y es causa de devolución de muchas botellas y de importantes pérdidas para las bodegas.
Muchas ya están tomando cartas en el asunto y o bien han renovado sus instalaciones contaminadas o bien se están poniendo manos a la obra en cuanto a la prevención.
En hosteleo, estamos a favor del corcho natural. Es una obra de ingeniería incuestionable. Sus miles de celdillas permiten aislar los vinos y al mismo tiempo permitir una microoxigenación necesaria para una buena crianza. Generalmente lleva la culpa de este defecto sin tenerla. Simplemente actúa como un medio de cultivo y de transmisión en la mayoría de las veces.